Todas las entradas por lifeisart

No worries

He empezado a confiar.

En que la tostada no cae por el lado de la mantequilla.

En que el último pétalo será un sí.

En que cuando algo puede salir mal, saldrá bien.

En que si arriesgas, ganas.

En que es peor lo malo conocido que lo bueno por conocer.

Y que hay más bueno que malo en el mundo.

En que uno más uno pueden ser mil.

En que lo auténtico, es lo que vale.

En que suerte es despertarse cada día, y respirar una vez más.

En que los soñadores son mucho más que eso.

En que la vida es todo aquello que queramos que sea.

En que todo saldrá bien.

Y resulta, que así es como se hace realidad.

Confiando. En ti, en los demás y en lo que está por venir.

Creyendo. Con los ojos cerrados, y el corazón abierto.

Y viviendo, pero no solo a ratos.

Así es como empieza la verdadera aventura, de ser feliz.

 

 

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Una última vez más

No eres tú. De verdad que no.
Es todo lo que había a tu alrededor. Todo aquello que ya no está -incluida yo.
Y sigo, y creo, y sonrío -algo menos- pero ya nada es igual. Ya no hay tanta vida, tantas noches, ni tantas canciones.
Si tu supieras…pero no lo sabes ni lo sabrás. Claro que no. Tú fuiste lo primero que se fue, y menos mal. Pero siempre hay un pero contigo. Un pero qué tal te irá, un pero y si nos vemos una vez más. Aunque ya no seas nada, aunque nunca nada vuelva a ser igual. Es un pero quiero verte otra última vez más, por si, por unos momentos, todo vuelve a su lugar.-

 

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A veces

A veces, solo a veces, duele demasiado.
Como si algo de mi se hubiera ido.

A veces, solo a veces, lo recuerdo todo.
Y me doy el capricho de echarlo de menos.

A veces, solo a veces, lo veo todo lejano.
Y solo escuece. Y dicen que cuando escuece, está curando. Así que hay que aguantar -porque pasará.

Pasará y no quedarán cicatrices, solo cenizas.

Y soplaré y soplaré para que vuelen, libres.
Sin mí.

Porque, a veces, hay que ser valiente. Y dejar ir todo aquello que duele.

 

 

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Algo más

Eres algo más.

Algo más que alguien.

Algo más que tú -o que tú y yo.

Eres algo más.

Más que las noches de verano, las pelis de los domingos o los paseos por Madrid.

Eres los ‘no te preocupes, ya lo hago yo’;
los ‘estaré ahí, incluso cuando nada esté bien’;
los ‘yo te espero, mucha suerte’.

Mis buenos días, ‘el sol sigue ahí aunque no lo veas’,
y mis buenas noches, ‘sueña cosas bonitas’.

Eres mi algo bonito.

Eres aquello que no debería cambiar nunca.

Pero todo cambia.

 

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N

Eres lo único.

Lo único que tienes y vas a tener.

. Con tus ganas de vivir.

Porque eso es lo único que te queda.

Y eres mucho más de lo que crees.

Eres todo lo que quieras ser, todo lo que puedas imaginar.

Lo siento, por remover tu realidad. Por recordarte algo que es fácil de olvidar.

Por interrumpirte en tu rutina de vivir y vivir y no pararse a vivir.

Pero te he visto dejar de creer. En ti.

Te he visto callar. Y tienes tanto que decir.

Te he visto querer. Porque tienes mucho amor dentro.

Querer a todo y a todos.

Menos a ti.

Es momento de parar.

Vuelve a ser tú.

Vuelve a ser todo lo que quieras y todo lo que puedas imaginar.

Porque el amor empieza en ti y sin ti, se acaba.

Párate a vivir.

Tienes mucha luz dentro.

 

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Eres mi suerte

Camino, camino, camino. Sigo nadando, nadando, nadando.
Veo caer a mi alrededor pedazos de todo: risas, tardes, noches, abrazos, vacíos, direcciones.

Pasados.

Llueven y yo camino, camino, camino. Sigo nadando, nadando, nadando.

Y ahí estas tú.
Mi suerte.

Me abrazas en medio de todo este gris.
Te unes a la deriva.
Como si todo fuera a estar bien.

Y me olvido.
Ahora solo estas tú.
Mi suerte.

Hasta dentro de un rato.
Cuando volveré a caminar, caminar, caminar. Seguiré nadando, nadando, nadando.

Hasta el siguiente puerto en el que vivir.

¿Estarás ahí?

¿Estaré ahí?

 

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5 minutos más

Nos vamos.
Con una dirección apuntada en un papel, como si así supiéramos hacia donde exactamente.
Me miras.
De esa forma. ¿Huimos?
Te miro.
Todo quiere cobrar sentido. ¿Huimos?
Tengo miedo. La realidad sigue ahí.
Lo sabes. Lo sé.
Te ríes. Me quieres. ¿Me quieres?
Tiemblo.
Son mis muros, me animan a escapar. O a dejarte entrar.
No, no, no.

Nos vamos.
Huimos.
Con una única dirección apuntada en un papel:

‘Segunda estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer’.

 

Before I die I want to…

Una mañana caminaba por un concurrido mercado de Londres con el que me topé por casualidad. Había llegado una hora antes de lo previsto a London Bridge, por uno de esos despistes desastrosos que me caracterizan, así que decidí perderme entre los diferentes puestos y,  apretujándome entre los turistas, me compré un batido orgánico revitalizante rejuvenecedor energizante afrodisiaco, y me dejé llevar por la marea de gente. El sol se alzaba tímidamente entre las nubes, devolviendo la vida a una ciudad acostumbrada al gris en todos sus matices. Me encantaban ese tipo de días allí.

Tras conseguir que un chef muy italiano se indignara por preguntar si podía hacer los espaguetis sin cebolla, me topé con uno de esos rincones que le dan a Londres su toque especial.
Fue como ver fuegos aritificiales en pleno día. Como quedarse parado en medio de una maratón. No pude más que parame y observar el mural, atrapada de repente por lo que planteaba y  me obligué a buscar la respuesta. No se trataba de responder cualquier cosa, tenía que dejar plasmado en pocas palabras lo que de verdad quisiera hacer antes de morir, una sola cosa. Definir el ‘por qué’ de todo lo que estaba haciendo, he hecho y haré.

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Había personas que también se quedaban un rato mirando el mural a mi lado, hasta que decidían ir a la caja de tizas que había en la pared para escribir su respuesta, otras no se lo pensaban ni un minuto. En él podías distinguir todo tipo de frases: Before I die I want to…travel the world, stop the climate change, see a unicorn, make you smile, y mi favorito: be a minion’.

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Al escribir esta entrada, investigué sobre aquel muro y me encontré con que se trataba de todo un movimiento internacional, comenzado por la artista Candy Chang.  Este es el resumen traducido de la historia que podéis encontrar en la web http://beforeidie.cc/site/‘Tras perder a un ser querido y pasar por una profunda depresión, Candy Chang pintó un lado de una casa abandonada de su barrio en Nueva Orleans, con la simple frase ”Before I die I want to…”. Después de un solo día, aquella pared ya estaba cubierta por sueños escritos con tiza por los vecinos que se habían parado y reflejado sus vidas. Desde entonces, más de mil murales de ”Before i Die” han sido creados en más de 70 países y en más de 35 idiomas’.

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Y así fue como un trocito de arte de un callejón que pasaba desapercibido, en mitad de aquel bullicioso mercado, fue capaz de encontrar el botón de pausa que llevaba buscando desde hacía meses. Marcando una diferencia imperceptible en mí, como lo ha hecho en tantas otras personas.

Y así mismo os digo: somos arte.

Y tú, ¿qué responderías?

Hey, my friend

Te quiero. Te quiero muchísimo. Contigo he pasado algunos de los momentos más felices de mi vida, instantes de perfección, como dicen por ahí. Y te quiero.
Hoy nos separamos, pero no quiero que esto se convierta en algo triste ni dramático, eso no nos pega. Lo nuestro es reírnos, reírnos muchísimo, como si así cambiáramos el mundo. Y a lo mejor, sí que lo hicimos un poco.
Hay muchos ‘a pesar’ en esta historia. Muchas disculpas, caídas en falso, gritos injustos. Errores tan humanos como nosotros.
No hace falta que me pidas perdón, ni que yo lo haga. Tal vez, no nos debemos ninguna disculpa. Tal vez, haya que aceptar que hay personas que no combinan bien tan de cerca.
Espero poder darte ese regalo que con tanto cariño compré, un cariño que no sé si sabrás que siento. No sé si sabrás todo lo que significas para mí, ni si deberías saberlo, ni porqué me cuesta tanto decírtelo. Solo espero que te guste y cuando estemos lejos te recuerde que siempre nos quedarán esos instantes de perfección -amo esa expresión- que eclipsan a los malos momentos. Estos no te pares a recordarlos, para qué, si solo quiero que seas feliz.

friend

Me siento muy feliz de haberte conocido y tremendamente desdichada cuando noto que nos desmoronamos. Hay quien dice que todo es cosa del destino, de un plan superior que no logramos entender, que en el fondo, todo tiene su razón de ser. Y yo no tengo ni idea de si estoy de acuerdo.
Lo que si te puedo asegurar es que te voy a echar muchísimo de menos, de la manera en que solo se puede echar de menos a un amigo. Y da igual, estoy más acostumbrada de lo crees a todo esto. Es solo que me da mucha pereza volver a empezar. Pero acabaré haciéndolo, no te preocupes, tú sé feliz, muy feliz. Sigue riéndote de la vida como nosotros sabemos, yendo de party como si todavía fuera a aparecer yo de repente cantando alguna de nuestras canciones a voz en grito, y no tengas miedo de apuntar alto, que nunca está tan alto como parece.
Ojalá esto solo sea un simulacro de despedida, de verdad. Pero duele. Los ‘tiro y afloja’ me dejan sin fuerza, y no sé cuanta cuerda nos queda.
Así que, tanto si hemos llegado al punto final o no, esta noche, déjame decirte, aunque nunca llegues a leer esto, que te quiero mucho, tal y como solo se puede querer a un amigo.
Perdóname si al final me ha quedado algo triste y dramático, a lo mejor tenía que ser un poco así, como todo lo que se acaba.

Ríete mucho, muchísimo -sigue llenando el mundo de instantes de perfección, que es todo lo que queda.

Te quiero, amigo.

P.D.: ‘Carolina’ nunca sonará igual.

La dernière bière

Ahí estas. Sentado en una terraza con una cerveza a medias, como si no hubiera pasado un solo día. Un solo día desde que estaba ahí, enfrente de ti, a tu lado, feliz. Y más, cuando apoyabas tu mano en mi rodilla, como si me echaras de menos aunque solo estuviéramos a unos centímetros. ¿He vuelto a sentir algo parecido desde entonces? Creo que no, y si lo he hecho, luego te he buscado para contártelo, como si todo necesitara de ti para ser. Y claro, no he logrado encontrarte.

Pero ahora estas ahí, esperando que crea que lo que tuvimos no fue más que un juego que se nos fue de las manos. O mejor dicho, que no entendí bien las reglas. Dices que debería haber prestado atención a la letra pequeña antes de firmar. Tonta de mí, que no esperaba que hubiera claúsulas en el amor. Ah no, que el amor no debía participar en este juego. Pues, sorpresa. Y qué sorpresa.

Quieres que me siente enfrente de ti, entre burbujas, amigos y risas, como si no hubiera pasado un solo día, pero olvidando tu mano en mi rodilla.
Solo alcanzo a decirte que no puedes pedirme eso, que no volveremos a ser lo que éramos, pero quitando una de sus partes. Las cosas no funcionan así. ¿Qué por qué? Porque no. Porque me miras y ya empiezo a olvidar que no te paraste ni un segundo a mirar atrás, que te diste media vuelta y simplemente, todo se esfumó. Ya podrías haberme contado cómo conseguiste que para ti no significara absolutamente nada, así a lo mejor, no estaría aquí ahora.
Sí, no estaría aquí ahora. Porque me habría quedado en mi casa, ensayando o tocando el piano o durmiendo un rato más -ya sabes, dormir me encanta, casi tanto como a ti.
En cambio, aquí me tienes, ya voy por la segunda cerveza. Hablamos de todo y de nada, mientras nuestros amigos nos miran como si lleváramos dinamita escondida, intentando adivinar quien de los dos lleva el interruptor.

Después de una hora -¿en serio? juraría que solo han pasado diez minutos- te levantas y dices que tienes que irte. Te vas. Todas las personas sentadas en la mesa piensan que estaba deseando que llegara ese momento. Pero, y no se lo digas a nadie, ni siquiera a mí misma, solo quería que pararas el maldito reloj. Porque estabas ahí, y quería que fuera verdad que no había pasado ni un solo día, desde que tu mano descansaba en mi rodilla.